La noche:
Por fin, termino un día duro de
trabajo, no puedo esperar a llegar a casa, darme una buena ducha y con una
buena taza de chocolate caliente con mini malvaviscos ponerme sobre el mueble
acolchonado que hay debajo de la ventana de mi habitación con otro capítulo de
mi libro favorito.
En cuanto salgo del café, se
escucha sonar una bocina de un automóvil muy cercano, casi aturdidor.
-Por fin sales niña, llevo horas
esperándote.-dice Ángela casi gritando en el asiento de conductor de un volvo
2014 plata, ¿cómo es que todo lo que tiene ella es tan reluciente? Sin querer
me ruborizo un poco, pues va saliendo de ahí Daniel que de tener un aspecto de
cansado cambia rápidamente a su cara de clásico seductor, a veces es algo
incómodo.
-Perdón-digo sin tanto
arrepentimiento- lo había olvidado por completo, tal vez lo quieras dejar para
otro día- digo con un poco de esperanza.
-Pues claro, ya es muy tarde, por
eso habrá un drástico cambio de planes.-dice con una sonrisa inquisidora y
burlona
-¿cambio drástico de planes? ¿A…
a qué te refieres?-digo algo preocupada.
-Vamos sube al auto, te lo
contare en el camino.-me acerco al auto casi sin ninguna queja, sé que no
funcionaría de todos modos.-Adiós amigo
de las escaleras, espero y te encuentres bien-dice aquella chica de sonrisa
perfecta al arrancar el auto
-Se llama Dany, bueno Daniel-digo
casi en un mormullo que ella no escucha, o al menos eso creo.
-Bien, dime, ¿dónde es tú
casa?-dice sin dejar de ver el frente
-mi casa se encuentra a unas
calles del parque en donde nos conocimos, llegas a la esquina donde está la
parada del autobús y das vuelta a la derecha y cuatro cuadras más arriba en un
departamento ahí está mi casa-digo casi sin pensar, recordando cómo llegar a
casa
-perfecto, ahí iremos, oye… ¿y
tus padres, no tendrán problemas en que vaya verdad?
No
puedo evitarlo, me siento muy incómoda con aquella pregunta, me encojo de
hombros y trato de pensar en que decirle, volteo a la ventanilla del auto, a
empezado a lloviznar un poco.
-Pues, la verdad es que yo no… yo
no vivo con ellos.-digo sin más, casi se podría decir que miento
-Genial, eres una chica mala y
¿cómo fue? ¿te corrieron de casa o decidiste irte por tu cuenta?-pregunta
despreocupada con su ya clásica risita
burlona.
<mierda, ¿qué le digo>-pues,
digamos que me fui por mi cuenta.-digo encogiéndome de hombros.
Ya en mi casa-departamento:
-Uau, tú casa está grandiosa, es
prácticamente la cafetería en donde trabajas, con todos esos muebles que
parecen antiguos y todos esos libros viejos y empolvados, es genial-dice con
una gran sonrisa, no sé si decir gracias o tal vez ofenderme, así que opto con
sólo sonreír con los labios.
-bien, está es mi casa… ahora
¿qué es lo que quieres hacer? – me acerco al refrigerador y abro la puerta-
Tengo algo de comida, puedo prepararte algo, tengo queso, jitomate, ensalada,
alitas de pollo, leche, agua de Jamaica,
tu dime y yo lo cocinare, aunque te advierto, no soy muy buena con
eso-digo esbozando una leve sonrisa tratando de parecer amable.
-mmmm… ¿qué será bueno? ¡ah ya
sé! ¿Tienes cerveza?
Tres horas más tardes estábamos sentadas en el piso de la sala con la
televisión encendida en un programa de no sé qué rayos, con un montón de huesos
de alas de pollo y dos paquetes de cerveza vacíos y uno empezado.
-Vaya, ha de ser grandioso vivir
solo, sin nadie que te diga que hacer, que te diga cuando son las revisiones ni
que tienes que comer sano por tu salud-dice sonriendo, ahora con una sonrisa
más tonta de lo común, con una sonrisa de borracha feliz.
-No es la gran cosa-afirmo- la
verdad es que yo preferiría estar con mis padres-digo sonando algo melancólica.
-¿y por qué no vueles con
ellos?-dice muy despreocupadamente mientras juguetea un poco con la boquilla de
la cerveza
-no… no se puede-digo sin ánimos
-¿por qué?
-No entremos en ese tema, me la
estoy pasando muy bien, de hecho tenia demasiado tiempo sin pasarme la tan bien
como ahora-digo con una sonrisa leve
-oye… sabes que es lo que te hace
falta…-dice cambiando de tema sin preocuparse, yo sólo la miro en forma de
pregunta- … eres fea, bueno no fea- hago mala cara- no, no, no, no, no eres
fea, simplemente pareces fea, con un poco de maquillaje y arreglando tu cabello
y no sé, tal vez algo de ropa nueva que no parezca salida del closet de una
niña de ocho años o que parezca que vas a ir a un funeral, todos los chicos te
voltearan a ver, incluso ese, ese que trabaja contigo… creo que se llama
Daniel, sí ese-dice arrastrando un poco las palabras y sin notar mi cara de
enfado, pero se ve tan graciosa que se me pasa rápido
-puede ser… pero Daniel no me
gusta, ni siquiera me interesa.
-claro, claro digamos eso, ahora
déjame ver cómo te verías arreglada-dice acercándose a mi como un león se
acerca a su presa, me empiezo a asustar; tomando su bolso lleno de maquillaje,
una plancha y una rizadora empieza a hacer su obra maestra, como ella lo llama.
Una hora más tarde el cambio es impresionante, tanto que se le baja la
borrachera y casi llora de la emoción.
-mira, estas hermosa-dice
mientras cubriéndome a los ojos me acerca a un espejo de cuerpo completo en
forma ovalada que tengo en una esquina de la sala; cuando me veo, no lo puedo
creer, en verdad ¿soy yo?
Mis ojos, parecen más grande, mis
pestañas están rizadas y con rímel, se ven más de lo normal e incluso se ven
muy largas, mis labios tienen un lindo labial rosa claro, casi se podría decir
que es brillo, se ve hermoso y con los lentes que tengo de marco grueso y
lentillas grande, vaya hacen que me resaltan más, pero ahí no acaba, mi cabello
está lacio con unos suaves rizos en las puntas, mi flequillo, lo recorto un
poco para que pareciera que está inclinado a la derecha pero está, creo que se
llama entresacado, se ve hermoso, vaya nunca me había sentido tan hermosa como
ahora, esta chica tal vez tenga algo de bueno después de todo, casi pudiera
llorar, pero no, tengo desde que murieron mis padres en aquel accidente que no
lloro.
-Y ¿te gusta? Se honesta-dice con
suavidad y con una sonrisa de complacencia
-claro, me encanta, se ve
genia-digo tomándola de la mano
-entonces, me supongo que ahora
te arreglaras así todos los días ¿verdad?
-no, claro que no, ¿te imaginas
cuanto tiempo tardaría haciendo esto?-digo algo exaltada
-¡Qué!¡Estás loca!-dice gritando
Ángela- mejor hay que dormir, ya es tarde y mañana hay que levantarnos
temprano.