Ángela I
-Ángela,
te he dicho miles de veces que tienes que estar aquí a tus determinadas horas,
¿qué no sabes lo que te podría pasar?
-Claro
que lo sé mamá, pero no me voy a quedar aquí toda la vida esperando que algo
maravilloso llegue y toque la puerta diciendo: “toc, toc, hola, soy la
maravillosa cura para la enfermedad de su hija, ¿me deja pasar”-dice Ángela
levantando la voz y con un tono de sarcasmo y enojo, la mamá de aquella chica
hiriente, le comienzan a salir unas lágrimas -Mamá, yo… yo no quise hacerte daño,
perdón, pero hay veces que no me doy cuenta de lo que digo, mamá, estoy muy
asustada, la mayor parte de mi vida he vivido con esta enfermedad y cada mañana
que me levanto y me pregunto si este será el día, el ultimo día en que veré a
mi madre, sé que tú también tienes miedo, pero entiende, no toda la vida voy a
estar contigo, por más que yo quiera, así que el reducido tiempo que tengo,
tengo que disfrutarlo lo más que se pueda, no quiero irme, no sin terminar con
lo que empecé.-Digo algo melancólica.
-Hija,
yo te amo, pero tienes que pensar en tu salud, ¿qué pasaría si te desmayas en
la calle? ¿Cómo me voy a dar cuenta? Sé que hay veces que puedo ser sobre
protectora, pero es porque en verdad quiero que estés el máximo tiempo que se
pueda conmigo, y aunque sé que es algo egoísta, no me importa, eres mi hija, yo
te parí, te tuve nueve meses de cuidado en mí, ¿sabes lo qué es eso?-dice casi
llorando, y yo, bueno pues me pongo más seria de lo normal
-No
mamá, no tengo idea y probablemente no la tendré jamás, perdón mamá, iré a mi
habitación-digo con aire resignado y algo decepcionado.
-Ánge…
espera-frunce un poco los labios- está bien, puedes ir, pero, quiero que vayas
a la escuela mañana y quiero que cumplas con los horarios de comida y dieta,
por tu salud- sonrío un poco y corro hasta donde está ella y la abrazo
fuertemente
-Gracias
mamá, no te defraudaré- digo soltándola y dirigiéndome hasta mi habitación
donde mis cosas ya están listas para salir
Voy conduciendo hasta la cafetería de mi
nueva amiga Ana, ¡qué suerte! Hay un lugar libre justo en frente de la
cafetería; paso más de media hora mirando por la ventana, justo donde está la
puerta de la cafetería, por fin la veo, está ahí parada, con la brocha en la
mano, su compañero también está ahí, admirando lo que han hecho, pero… ¿qué es
eso que veo? No puede ser, a Ana le gusta Daniel, era de esperarse, digo, es
tan apuesto, pero no es mi tipo, a mi me gustan los chicos malos, no los que
sólo fingen ser malos, Ana sigue mirándolo de reojo, ¿por qué él no le hace
caso? Tal vez sea por… ¡ah ya sé! Cuando nos conocimos por primera vez, cuando
entre a la cafetería, recuerdo que a ese chico le guste de inmediato, tal vez sea eso, pero
ella es muy linda, incluso más que yo, tal vez sea por esa ridícula apariencia
de niña que tiene, tan descuidado, hoy la ayudare a eso, cambio de planes.
Uff, me ha costado trabajo pero una vez en su casa, por fin
he conseguido emborracharla para que me deje hacer lo que quiero hacer con
ella, yo apenas me he tomado tres cervezas y unas cuantas alitas de pollo,
manos a la obra; una hora más o menos más tarde, consigo lo que quería, está
hermosa, es prácticamente un ángel, y eso que no tuve que hacer mucho, su
belleza es natural, no lo creo, casi está llorando de la emoción.
¡Qué! Está chica está loca, no se vestirá ni se peinara así
sólo porque no alcanza el tiempo, que va, está niña es muy rara, ¿qué será lo
que necesitará para sentirse bien consigo misma? Ya es muy tarde, son casi las
dos de la mañana, más vale que durmamos un rato, mañana tengo que ir al
instituto.

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